Gervasio Sánchez nos muestra numerosas imágenes desgarradoras. Imágenes que él mismo ha tomado en distintas partes del mundo entre 1984 y 2010: en los Balcanes durante las guerras que acontecieron en Yugoslavia que supusieron la disgregación de este país dando lugar a la independencia de Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro, Croacia y Macedonia; en la mayor parte de América Latina, como por ejemplo en Chile durante la dictadura de Pinochet, en El Salvador en las primeras negociaciones de paz tras la guerra civil, en Nicaragua cuando triunfó la revolución sandinista y en Guatemala tras los miles de desaparecidos; y en África durante el genocidio y los estragos del cólera en Ruanda, en Sudán tras la devastadora hambruna y en la guerra de Sierra Leona.

Sin lugar a dudas esta exposición es la una de las mejores lecciones de filosofía que se puede recibir. Hace reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y sobre las repercusiones que tienen las acciones de las personas que dan más importancia a intereses económicos y políticos que a las vidas humanas.

Las fotografías son muy impactantes y, en la mayoría de los casos, muy duras. Plasman un mundo cruel, despiadado e inhumano en las que se puede ver la pérdida de la inocencia de niños que son obligados a convertirse en soldados, personas que tienen que huir de sus hogares por miedo, destrucción, miles de personas heridas, y las consecuencias devastadoras que tienen las hambrunas y guerras. El drama humano después de un conflicto.

La historia se repite una y otra vez, no aprendemos de nuestros errores y volvemos a cometer las mismas atrocidades.

Miles de personas siguen muriendo debido a conflictos armados, y hambrunas. Numerosos grupos y etnias siguen privados de las libertades y los derechos más básicos.

Todo esto sin que los poderosos y gobernantes pongan solución alguna.